El mercurio (Hg) es un conocido metal tóxico, persistente y bioacumulable emitido en niveles traza y que se encuentra de manera natural en el carbón, en concentraciones muy bajas. La combustión de carbón se considera la principal fuente antropogénica de emisiones atmosféricas de este contaminante.
De acuerdo con datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) [49], la combustión de carbón en centrales eléctricas, calderas industriales, calderas residenciales, calentadores y estufas aportó alrededor de 888 toneladas (46%) al total de emisiones antropogénicas mundiales de Hg en 2005.
A causa de la gran cantidad de carbón usado para la generación de electricidad, las centrales carboeléctricas representan una de las fuentes más importantes de mercurio. Por ejemplo, en Estados Unidos alrededor de la mitad de las emisiones antropogénicas de Hg en 2005 provino de estas centrales, con un volumen de aproximadamente 52.4 t/año [52].
La mayor parte del mercurio en la atmósfera se encuentra en forma de vapor de mercurio elemental, en tanto que en el agua, el suelo, los sedimentos o la biota el metal está presente en formas orgánicas e inorgánicas. El vapor de mercurio elemental es relativamente insoluble y no reactivo, por lo que puede permanecer en la atmósfera, transportado por corrientes de aire a grandes distancias durante periodos muy extensos —hasta un par de años— antes de depositarse finalmente en el suelo o en aguas superficiales.
Una vez depositado, los microbios pueden convertir el Hg en metilmercurio (una forma orgánica), que puede ser absorbido por otros organismos y acumularse a lo largo de la cadena alimentaria. El mercurio tiene numerosos efectos importantes tanto en el medio ambiente como en la salud humana. Por ejemplo, la contaminación por este metal es la causa más común de daños a ríos y lagos en Estados Unidos, y muchos estados de ese país han emitido advertencias sobre el consumo de pescado procedente de esos cuerpos de agua.
La ingestión del mercurio contenido en pescado contaminado puede afectar el desarrollo neurológico de fetos, lactantes y niños, mientras que en adultos puede causar daño neurológico [53]. Los Institutos Nacionales de Salud (National Institutes of Health, NIH) de Estados Unidos estiman que una de cada 12 mujeres en el país tiene un nivel de Hg en la sangre superior al que la Agencia de Protección Ambiental (Environmental Protection Agency, EPA) considera seguro.
Según cálculos de los NIH, las afectaciones a la salud derivadas del mercurio generan un costo anual de casi $EU9 mil millones en gastos médicos y pérdida de productividad de la fuerza laboral [47, 52].

